quinta-feira, 15 de outubro de 2020

El gusto

A medida que crecemos, se desarrolla el sentido del gusto. Desde pequeños hay que esforzarse por probar de todo y no rechazar alimentos solo porque no los conocemos.

Para que la lengua reconozca bien los alimentos, debe estar mojada con la saliva.
Realizá un experimento: secá tu lengua con una servilleta de papel y poné un poco de azúcar sobre ella. No sentirás tan claro el sabor.

Cuando vamos a comer un alimento que nos gusta mucho, por ejemplo golosinas y tortas, empezamos a sentir hambre y salivamos más.
Todas las personas no poseen el mismo sentido del gusto. 

Depende de lo que se ha comido desde la primera infancia, y de las costumbres
En algunos lugares se prefiere el pescado y el arroz; en otros, la carne y las papas fritas.

Fuente: COLAZO, Pablo Daniel. Colección Quiero Saber: Los 5 sentidos. Buenos Aires: Arte Gráfico Editorial Argentino, 2012.

El gusto

Cuando comemos usamos la lengua, que nos permite reconecer si algo es dulce, salado, ácido, caliente o frío. 
Por eso aun con los ojos cerrados podemos reconocer diferentes alimentos.
Con la nariz también podemos distinguir alimentos por su olor. 

La boca y la nariz están conectadas.
Si estamos resfriados, lo que comemos tiene para nosotros menos sabor.
La parte de abajo de la lengua no reconece los sabores. 
Hacé la prueba pasando por allí una cuchara con azúcar.

Si nos quemamos la lengua con comida demasiado caliente, ¡no sentiremos los sabores por algunos días!
Algunas cebollas son amargas.
El limón es ácido.
Las tortas son dulces.
El pancho es salado.

No toda la lengua reconece los sabores. 
El medio, por ejemplo, no capta ninguno. 
En el dibujo, el color que acompaña a cada alimento se ve también en la lengua y te muestra qué partes reconecen el gusto amargo, el ácido, el salado y el dulce.

Fuente: COLAZO, Pablo Daniel. Colección Quiero Saber: Los 5 sentidos. Buenos Aires: Arte Gráfico Editorial Argentino, 2012.

quarta-feira, 14 de outubro de 2020

Los cinco sentidos

Los ojos, la nariz, la boca, las orejas y la piel son los órganos que nos permitem ver, oler, gustar, oír y tocar.
Gracias a ellos, podemos comunicarnos con los otros y conocer el mundo que nos rodea.
La vista, el  oído, el olfato, el gusto y el tacto son los cinco sentidos.

Los ojos 
Son los órganos de la vista.
Las orejas
Son los órganos del oído.
La nariz
Es el órgano del olfato.
La lengua
Es el órgano del gusto.
La piel
Es el órgano del tacto.

La vista
Los ojos nos permiten ver.
Si no vemos bien de cerca o de lejos, usamos anteojos o lentes de contacto. 
Al envejecer, no se ve tan bien. 
Cuando alguien no ve, es ciego.

El oído
Las orejas nos permiten oír los ruidos, desde los más débiles hasta los más fuertes. 
¡Cuidado! 
Los ruidos demasiado fuertes pueden dañar el oído y entonces se oye menos. 
Cuando alguien no oye, es sordo.

El olfato
La nariz nos sirve para sentir los olores agradables o desagradables. 

Cuando estamos resfriados, se tapa con mucosidad (los mocos) y no reconocemos los olores.

El gusto
Con la lengua reconocemos los sabores: dulce, como el de las golosinas; salado, como el de una salsicha; ácido como el limón, o amargo como el café. 

No toda la lengua percibe los sabores; en el medio no siente nada.

El tacto
La piel de las manos, de los pies y de los labios es muy sensible. 
La piel nos informa sobre lo que está caliente, frío, mojado, seco, si pincha o corta...

Fuente: COLAZO, Pablo Daniel. Colección Quiero Saber: Mi cuerpo. Buenos Aires: Arte Gráfico Editorial Argentino, 2012.

Digerir

La comida que tragamos comienza un largo viaje en la boca; atreviesa todo el sistema digestivo antes de ser absorvida por la sangre, que la transforma y transmite a todos los órganos. 

Este largo trayecto se llama digestión.

En la boca, la comida es ablandada con ayuda de la saliva y triturada por los dientes.

La comida pasa por un largo tubo para llegar al estómago, donde se reduce a una pasta.
Continúa su ruta por los intestinos, donde una parte del alimento es absorbida por la sangre, para alimentar a todos los órganos.
El viaje de la comida termina en el baño. 
El cuerpo absorbe todos los nutrientes que necesita y expulsa los desechos en forma de pis y caca.

Para digerir bien hay que tomarse un tiempo para comer con tranquilidad. No se debe comer entre las comidas para no fatigar el estómago.
Cuando comemos demasiado o si tenemos un virus, la digestión no se realiza bien: nos da dolor de panza y a veces vomitamos.

Hay que esperar que termine la digestión antes de ir a bañarse, sobre todo si el agua está fría.

Los dientes
Los incisivos cortan.
Los caninos desgarran.
Los premolares y los molares trituran.

Fuente: COLAZO, Pablo Daniel. Colección Quiero Saber: Mi cuerpo. Buenos Aires: Arte Gráfico Editorial Argentino, 2012.

Respirar

Para funcionar bien, todo nuestro cuerpo necesita el oxígeno contenido en el aire que respiramos
Nuestros pulmones se llenan de aire y transmiten el oxígeno a la sangre, que lo conduce a los diferentes órganos que hay en el cuerpo.
El aire entra por la nariz o por la boca, luego penetra en los pulmones.

La respiración se efectúa en dos tiempos. 
Se llenan los pulmones de aire, rico en oxígeno. 
El pecho se infla. 
Luego, se expulsa el aire soplando.
Por tragar muy rápido, a veces tenemos hipo. 
Se puede detener bebiendo con la nariz tapada, conteniendo la respiración ¡o dándonos un susto!

El aire que no necesitamos lo expulsamos por la nariz o por la boca. 
Cuando hace frío, sale en forma de nubecita: es vapor.
Un niñito puede asfixiarse al tragar algo pequeño que tape el conducto que lleva el aire a los pulmones.

No podemos respirar bajo el agua, pues entra 
en los pulmones y eso es muy peligroso porque podemos ahogarnos. Para nadar bajo el agua se usa un tubo llamado "esnorquel".

Fuente: COLAZO, Pablo Daniel. Colección Quiero Saber: Mi cuerpo. Buenos Aires: Arte Gráfico Editorial Argentino, 2012.

El cerebro

El cerebro nos permite hablar, pensar, inventar, recordar, mover... 
Tiene el aspecto de una gran esponja. 
Es muy blando, pero está bien protegido por el cráneo.

Si apoyamos el dedo sobre un objeto que pincha o quema, el cerebro le "ordena" retirarse. 
Eso pasa muy rápido, no nos damos cuenta: es un reflejo.

Los nervios son como cables que unem el cerebro con todas las partes del cuerpo.
El cerebro decide si escribimos con la mano derecha o con la izquierda.
El cerebro permite reflexionar, tener ideas, inventar, hablar con los demás. 

Gracias a él aprendemos todo lo que necesitamos saber.
Gracias al cerebro podemos guardar en la memoria lo que aprendemos de chicos, como andar en bici
También recordamos los eventos pasados.

Cuando permanecemos sentados sobre las piernas demasiado tiempo y cambiamos de posición, sentimos un cosquilleo: los nervios se han adormecido.
Los músculos tienen necesidad de descansar, por eso hay que dormir. 
Pero el cerebro continúa trabajando: tenemos sueños o pesadillas.

Fuente: COLAZO, Pablo Daniel. Colección Quiero Saber: Mi cuerpo. Buenos Aires: Arte Gráfico Editorial Argentino, 2012.

terça-feira, 13 de outubro de 2020

El corazón y la sangre

El corazón es un órgano muy importante, no más grande que el puño de la mano. 
Late todo el tiempo, hasta cuando dormimos.
Se trabajo consiste en hacer circular la sangre por todo el cuerpo, a través de finos tubos llamados venas y arterias.
La sangre sale del corazón por unos tubitos llamados arterias y vuelve por otros llamados venas.

Cuando hacemos un esfuerzo importante, por ejemplo, al correr, el corazón late más rápido.
Lo sentimos golpear el pecho y respiramos cada vez más rápido.
A veces, para saber por qué uno está enfermo, se analiza la sangre. 

Se extrae de la vena del brazo con una jeringa.
En la sangre hay milliones de glóbulos blancos, que combaten a los microbios que podrían provocar enfermedades.
No todos tenemos la misma sangre. 

Existen cuatro grupos: A, B, AB y O
Para salvar a un enfermo se le puede donar sangre, con la condición de que sea posible mezclarla con la de él.
Hay que limpiar bien las heridas con un producto desinfectante

La sangre se seca, luego se forma una cascarita y la herida cicatriza.

Fuente: COLAZO, Pablo Daniel. Colección Quiero Saber: Mi cuerpo. Buenos Aires: Arte Gráfico Editorial Argentino, 2012.